jueves, 23 de julio de 2015

Testimonio m u d o

Lo sabía. Sabía que el sol algún día se pondría negro, negro el invierno, frío que se cuela en mi cuerpo como nunca antes. Mis manos entumecidas desean entrelazarse con aquellas que dicen adiós a través del vidrio empañado. Irónico, pobre libélula. Se le congeló el vuelo, el fuego permanece invisible. Maldita máscara sin ojos:MÍRAME. No hay castillos en el aire, se queman, mueren entre las nubes, hay una guerra en el firmamento. Ella vendrá, con la luna entre sus manos, y querrás besarla antes de perecer. Querrás que cada uno de sus designios se haga realidad, y llorarás por ello. Yo lo sé. Sé como quitar el manto de oscuridad que te cubre de pies a cabeza. Los árboles caen hoy, casi como la torre de mi voluntad, fortaleza de errores. La fatalidad gira sobre sí misma para ser la suerte del mañana. Mañana, mañana, mañana, todo irá bien, todo irá mal; querida flor, no te deshojes a ti misma, todo está perdido, ¿no lo ves? Mujer, no te desangres, no le des de comer a los dioses, no pintes la derrota en tu rostro. 

MÍRAME OTRA VEZ

Ésa no es tu verdad, es el humo aplastante, el brillo vacío, no te dejes intimidar. Respira. Vete al infierno, pero regresa. No, aún no es invierno, la nieve nos espera para vernos dormir en el sueño de los inocentes. Mi mano encontrará la tuya, y algún agujero negro nos tragará. Nadie quiere vernos aparecer.. 

miércoles, 1 de julio de 2015

A u ll i d o

Nunca antes me había sentido tan vulnerable y oscura.
Siento que
me voy a desangrar,
pero la sangre no corre.
Hace meses que mi corazón se volvió loco,
se cree huracán , y yo estoy en su ojo , a la espera.

Nunca antes es :
como nunca, como siempre.
Siempre antes , más ahora , quizás mañana.

Siento que
voy a desaparecer, como en algún truco de magia.
Pero esto no es ningún truco, ninguna ilusión,
así que la única probabilidad es aparecer,
brillando en tus sueños , 
porque en los míos aún me sentiré
tan vulnerable y oscura.

Nunca antes .
Mucho antes, siglos atrás 
yo estaba 
sintiendo que
mi alma implotaba y mi cuerpo perdía su calidez,
porque sin amor, todo se lo traga el agujero negro
que erosiona mi cosmicidad ,
inventado por un balazo perdido , un pensamiento lleno de poder,
poder y niebla.

Nunca antes me había sentido tan vulnerable y oscura,
siempre antes , antes, desde siempre , siempre, nunca, jamás.

Qué sagrada forma de crecer.
Qué maravilloso camino hacia lo inesperado, 
aquella oscuridad entre dos claridades, el túnel. 
La caverna , el fuego, ¿dónde está?
Mientras , 
espero en el ojo de mi corazón.
Acelerado , peligroso relámpago. 
Silencioso. 
Abierto.
Vulnerable y oscuro. 



sábado, 20 de junio de 2015

Primer boceto .

Ganas de ser. Ganas de saltar. De correr. De detenerse, y mirar el cielo. Ganas de buscar la Luna, de danzarle. Ganas de reír, y luego de llorar. Correr otra vez; no, ahora caminar. Caminar al ritmo de una melodía efímera en el aire, persistente en su mente. Ganas de estirar los brazos, de ofrendarle al cielo su vida en un paso, en un entrechocar de los dedos con la invisibilidad del viento, en un aliento que es suyo y de muchas personas que pasaron por aquella calle, aquella vereda sucia que ella no ve, porque tiene ganas de imaginar. Sí, y ganas de crear con su voz una palabra, luego una frase, luego una estrofa. Cantar con voz suave y seguir caminando como si pendiese de un hilo y diese sus pasos varios centímetros por sobre el suelo. Ganas de flotar, de no dejar huella, no de esa manera. La oscuridad se traga su pálido cuerpo, y algunos faroles guían su catártico caminar, el ritual más sencillo que un ser humano como ella puede realizar. Ganas de escuchar el silencio, ese que se produce cuando ella enmudece y las hojas de los árboles dejan de susurrar. Ganas de girar lentamente, y cada vez más rápido, para ver borroso, marearse y caer en medio de la calle desnuda y fría. Ganas de apoyar una mano en el asfalto y creer que está tocando el suave pasto. Sentir el aroma de la tierra mojada, de las flores silvestres, de las hojas amarillentas. Ganas de levantarse y correr hasta una esquina, para ver si está lloviendo. Ganas de que las gotas de agua acaricien sus cabellos, su rostro, sus brazos, sus manos... Y saltar, revolotear, agradecer. Ganas de escucharse a sí misma chapotear, de cantar con voz alegre. De encontrar una nueva melodía, un nuevo andar. Ganas de mirar el suelo, luego al frente, luego al cielo. Alcanzar una estrella, o dos. Arrancarlas del manto nocturno y meterlas en sus ojos, para que éstos brillen siempre. Ganas de detener la caminata y adquirir un nuevo disfraz con el cual entretenerse. La lluvia ya no existe, y tampoco el pasto, las flores, las hojas doradas por el otoño. Sólo ella, en la calle vacía pero llena de murmullos y de oscuridad donde la luz tenue de los faroles no alcanza a llegar. Sólo ella mirando la Luna, danzándole, e inventando que decir o hacer. Ella tiene ganas de permanecer así siempre, y no llegar jamás a su destino. Ganas de que la felicidad perdure. Ganas de no terminar, aunque sabe que así será. Entonces, ella ya tiene ganas de volver a comenzar.


(Septiembre, 2007)

jueves, 18 de junio de 2015

E S C Ú C H A M E

pero primero, mírame a los ojos.
y si no observas el ruido que hay en mi cabeza
-menuda ocurrencia-
no estás listo para entregar,
ni yo para recibir. 



lunes, 8 de junio de 2015

El tiempo de los Espíritus, parte 1.

¿Dónde perdí el escudo abollado, y el estandarte hecho jirones tras mil batallas? Donde mismo enterré la espada, en cada uno de los chakras y más arriba, donde mi aura se pierde entre las estrellas.

¿Dónde quedó el sueño de la heroína que atraviesa las fronteras entre este mundo y los otros, y descubre su destino en tierras desconocidas? Se lo tragó la almohada de la doncella en apuros, en aquella larga noche donde no quiso dejar de llorar.

¿Qué significa esta debilidad que me absorbe, y a la vez me empuja a seguir pataleando por la vida? Es la nueva Fuerza, descendiente de los Fuegos de antaño, hija de las brujas de las historias que soñabas con escribir.

¿Qué tan lejos debo llegar para, por fin, acercarme a la verdad?
¿Cuántos cadáveres puedo guardar en el subterráneo de mi cuerpo, ese ser que se desdobla en el grito de la adversidad?
¿Cuántas muertes pasarán frente a mis ojos, sin que ninguna de ellas me pertenezca? 

El tiempo de los Espíritus ha comenzado, y mi cuerpo no lo soporta.
¿Por qué hoy, y no ayer, o anteayer?
Llevo años sin entablar un diálogo real con mi energía y ahora que logro comprender los signos, la intensidad del cosmos golpea como un balazo en la sien. De prisa, un estallido sordo, no hay sangre que perder, no te vacíes, debes continuar, no retrocedas, no guardes rencor, no abraces la frialdad de la tumba, sé fuerte, sé fuerte, sé fuerte y ¿de dónde rayos saco la grandiosa fortaleza de mis antepasados? ¿Puedo ser creativa en esta fragilidad que me envuelve como un manto en medio del desierto? 

¿Por qué estoy escalando la montaña que ayer observaba desde la ventana de mi casa? Mientras bebía una taza de té, percibía la trizadura de luz que se formaba entre el cielo y la cima más alta, y un escalofrío bajaba por mi espina dorsal. Algo en mí sabía que el camino se volvería empinado al amanecer, porque yo misma era el tragaluz por el cual se colaba (aquella traviesa) verdad que no tardaría en quemar todas las apariencias.

Nunca fui lo que -tal vez- pensé que sería.
Nunca viajé a esos sitios que -tal vez- soñé con pisar.
Nunca cumplí las promesas que -tal vez- me hice para no abandonarme a las pesadillas.

Y digo tal vez porque -tal vez- siempre supe que no sería, no viajaría, no cumpliría mis promesas. No de esa forma, al menos. En mi inocencia ininterrumpida (sagrada a estas alturas), fui profetisa y me desilusioné de todo antes de comenzar a creer. ¿Es posible abrir los ojos con asombro ante el amor que se ensalza como tal, sabiendo que más bien no es, que está disgregado en el espacio como un sistema lleno de planetas muertos?

¿Cuál es la probabilidad de que a partir de este cuerpo frágil, cual espejo a punto de hacerse añicos, pueda encender la Llama que no se apagará hasta el fin de los tiempos? La misma probabilidad que tuvo Odín cuando se sacrificó para obtener la sabiduría de las runas. Ninguna, y sin embargo, alcanzó su objetivo. Encendió el Fuego.


domingo, 24 de mayo de 2015

I n t e r e s t e l a r

Besó la almohada en un arranque de ternura intempestiva, y brincó tres veces, tratando de tocar el techo con la punta de la nariz. ¡Uno! La almohada salió disparada hacia arriba, por un agujero en el cielo raso que nunca nadie percibió. No volvió a bajar. ¡Dos! Una flor amarilla cayó de-nadie–sabe–dónde y se enredó en una de sus pestañas, para luego metérsele en el ojo sin que se diese cuenta. Nunca salió de allí. ¡Tres! La habitación tembló suavemente, mientras una música disparatada se posesionaba de su cuerpo y bloqueaba sus poros con un aroma a noche extasiada. No, no depositó sus pies sobre el piso otra vez.

Una brecha en la armadura. Un sueño. Una mirada radiante. Una escalera. Dos almohadas en lo alto del techo. No, no despertarás pensando que nada sucedió, no con esa sensación, si no con otra, otra, otra más bella. Mira, pasó un ángel. Allí va otro, mírale las alas. ¿Las imaginaste así alguna vez? No hubo respuestas, salvo un suspiro y una risita ahogada. Muchos saltos, mucho vuelo. Ábreme los labios, sugerían sus ojos. Hay tantas otras formas de comunicación. Pensaba en sumergirme en una nebulosa, tan sólo para que me encuentres. No es tan fácil, hay muchas otras como yo. ¿Segura?

El cuarto brinco y no hay vuelta atrás. ¿Qué se siente? Miles de lunas girando sobre ti, millones de meteoritos golpeándote el pecho, trillones de estrellas cayendo, de a una, al suelo, para que las recojas, si así lo deseas. Una flor flotando en mi mano, es el impulso de lanzarla el que la hace llegar sin premeditaciones hasta ti. Gracias, susurró, y desde el techo se dejó caer, a ver si se hacía añicos, o se transformaba en rompecabezas.

No, no tardaría en a(r)marte, si es lo que quieres.

(Septiembre, 2007)